Muchas personas dedican gran parte de su tiempo a cuidar a un familiar enfermo, a un adulto mayor o a alguien con discapacidad. Lo hacen con amor, compromiso y responsabilidad. Sin embargo, pocas veces se detienen a preguntarse algo importante: ¿Cómo estoy yo en medio de todo esto? Cuando el cuidado constante empieza a afectar la salud mental, emocional y física de quien cuida, puede aparecer lo que se conoce como síndrome del cuidador.
Este síndrome no es una debilidad ni una falta de capacidad. Al contrario, suele presentarse en personas muy comprometidas con el bienestar de otros. El problema surge cuando las demandas del cuidado son continuas y el cuidador comienza a dejar de lado sus propias necesidades.